Notas de redacción · 14 de marzo de 2025
Antes de cada edición nos sentamos a revisar qué fenómenos meteorológicos marcaron el mes y cómo afectaron las viviendas de la península. Esta vez la conversación giró en torno a las lluvias atípicas de febrero y los techos planos que no estaban preparados.
La sesión comenzó con un dato simple: en Mérida cayeron en una semana casi 80 litros por metro cuadrado, más del doble del promedio histórico para ese periodo. Los reportes de daños llegaron de colonias con construcciones recientes, no de las casas antiguas de mampostería. Eso cambió el rumbo de la conversación.
Revisamos fotografías de techos con acumulación de agua, filtraciones en juntas mal selladas y bajadas pluviales obstruidas por escombros. El patrón se repetía: no era el material el que fallaba, sino la falta de mantenimiento preventivo antes de la temporada de lluvias. Un impermeabilizante con tres años de antigüedad puede resistir si la superficie se limpió y se revisaron las grietas a tiempo.
También hablamos con un ingeniero estructural que trabaja en Caucel. Nos comentó que la mayoría de las viviendas que atiende después de tormentas tienen el mismo problema: las losas de concreto fueron diseñadas para soportar el peso, pero no se consideró la pendiente mínima para evacuar el agua. Una corrección de apenas dos grados en la pendiente habría evitado la mitad de las filtraciones que reportó en enero.
La conversación derivó en lo que los lectores nos preguntan con frecuencia: cómo saber si el techo está listo para la próxima tormenta. La respuesta no es única, pero hay señales claras: manchas de humedad en los muros interiores, desprendimiento del recubrimiento en las orillas y agua estancada que tarda más de 24 horas en secarse. Cada una apunta a una intervención distinta.
Para la próxima edición prepararemos una guía visual con los puntos de revisión que recomendamos hacer cada seis meses. Mientras tanto, dejamos dos lecturas relacionadas para quien quiera profundizar en el tema.
Lecturas relacionadas
Antes de la temporada de lluvias, nos sentamos a revisar qué tan preparada está una casa típica de la península para aguantar un evento extremo. Estas son las notas de esa sesión.
Mariana Cervera
Editora de resiliencia estructural
Arquitecta con más de doce años documentando cómo las viviendas mexicanas responden a huracanes, inundaciones y cambios bruscos de temperatura. Colabora con ingenieros civiles y comunidades locales para traducir hallazgos técnicos en decisiones prácticas.
En esta sesión revisamos tres puntos concretos: el estado de las uniones entre muro y losa, la pendiente real de los techos y los puntos donde el agua suele filtrarse durante lluvias prolongadas. El objetivo no era diagnosticar una casa en particular, sino establecer un método de revisión que cualquier familia pueda repetir antes de que empiecen las lluvias fuertes.